Saludos a todos y a todas desde nuestro "Llunario de Lengua y Literatura". El recién nacido aparece con una clara vocación: servir de medio de comunicación entre todos los que formamos la comunidad educativa de "El Zapa" y que de una forma u otra canalizamos nuestras actividades en torno al área de Lengua castellana y Literatura.Hace ya muchos años que en la Merindad de Trasmiera, comarca enclavada en la zona oriental de la actual Cantabria, surgió un grupo de profesionales de alta cualificación: los canteros, artesanos de la piedra. Con prontitud estos trasmeranos difundieron su obra arquitectónica por todo el territorio nacional, de tal manera que en muchas de las ciudades del país aún pueden observarse las marcas de cantería con las que estos ingenios "firmaban" sus obras. Pero la singularidad de este grupo no acaba con la realización de su obra arquitectónica, civil o eclesiástica, popular o nobiliaria, pues también popularizaron el lenguaje que de manera críptica servía como medio de comunicación entre los ingresados en el oficio. Este lenguaje especial se llamaba "la/el pantoja", que aunque recuerde a una famosa tonadillera, es jerga seria y consistente, hasta tal extremo que los no iniciados en ella no sabían de lo tratado por aquellos canteros que usaban el argot pantojil.
Será esta perspectiva la que nos explique y justifique el nombre de nuestro diario, pues eso es lo que en "pantoja" significa "llunario": 'diario', 'lo que sucede día a día'. Y siguiendo el ejemplo de los canteros trasmeranos que "llum" a "llum" (día a día) pulimentaban y desgastaban las piedras hasta formar esta casona, aquella catedral o aquella otra edificación civil de menor fuste pero tal vez más utilitaria, así nosotros puliremos nuestro lenguaje para construir textos y realizar actividades formativas que aunque modestas no por esto son menos importantes para construir el edificio de nuestra configuración humana y cultural.

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